domingo, 16 de febrero de 2014

Pasos para convertirse en un asesino serial (borrador)

Caso 1: Instintos asesinos
Sus manos se encontraban manchadas por sangre que no era la propia, mientras su mente divagaba en escenas que se repetían una y otra vez, apenas recordaba lo que había sucedido, de lo único que estaba segura era que el estudiante que conocía desde pequeña estaba en esos momentos cortando los dedos de un caballero que tan sólo suplicaba por su liberación. Su cabeza dolía, era comprensible tras haber caído minutos antes de lleno contra el asfalto ¡Dan! Exclamó provocando un eco en aquel gris callejón que era testigo de lo que en esos momentos acontecía, por favor detente, tan sólo aquellas palabras salían de sus delineados labios, se escuchaba la risa escalofriante de su compañero tan sólo a centímetros de distancia mientras cortaba en finas partes a quien instantes antes les deseaba el mal, pero todo eso no hubiese iniciado de no ser por la insoportable voz de su compañera, o la acosadora, como le decían sus cercanos, bueno, a quienes permitía estar cerca de él, pues nunca estuvo interesado en las relaciones humanas, no las consideraba importantes, para él una pérdida de tiempo y aún más al relacionarse con alguien que lo único que hacía era seguirle para todos lados, tal como había hecho horas antes al Salir de la escuela, escuchando su chillona voz llamarle desde el portón, en esos momentos ganas de estrangularla no le faltaban, pero siempre había sido cauteloso, no quería que a sus diecisiete años de vida se le conociera como asesino, por lo que tras advertirle muchas veces que no la quería a su lado, se resigno por soportarla, al menos así estaría en silencio y no tendría que escuchar  las estupideces que salían de su boca, misma boca que en esos momentos le rogaba que se detuviera, y ¿ cómo hacerlo?, si por fin se estaba divirtiendo, era casi un mensaje del cielo que aquella tarde asaltasen a la estúpida mientras le seguía, aunque sus oídos aún sentían el chillido, si chillido por que a eso no se le puede llamar grito, chillido que había lanzado al encontrarse atrapada entre los escuálidos brazos de un degenerado que manoseaba sus muslos por debajo de la corta falda que tanto le gustaba lucir, ¡Dante!, odiaba escuchar su nombre proveniente de aquellos pronunciados labios, pero ya que, ya se había resignado a soportarla, por lo que pausadamente se acercó al atacante de su conocida, recordar aquello en esos momentos le causaba gracia, pues el rostro de pervertido que el viejo tenía no era para nada comparable al rostro de suplica que le mostraba en aquellos breves segundos, ni tampoco era comparable ver aquella mano sin dedos con la mano que se paseaba con libertad por las piernas de quien ahora estaba desmayada sobre la acera, manos que detuvo en un ágil movimiento, no por nada había entrenado en gimnasios, tan sólo por la curiosidad de practicar algún deporte, pero ninguno le satisfacía en placer como en aquellos momentos lo hacía la tortura de aquel hombre, Lastima que te torcí el brazo, así mi obra no quedará perfecta, murmuró entre carcajadas cortando el espacio tapado por piel que se encontraba entre los inexistentes  dedos ajenos, dejando la sangre desparramarse de a poco sobre el lugar que era tapado gracias a las paredes, era irónico que el mismo lugar que el asaltante había elegido para herirlos y robarles a ambos, sea el mismo en que vería su muerte, tan idiota le resultaba aquel hombre, todos tienen en cuenta que los estudiantes no tienen demasiado dinero como para ser asaltados, ni siquiera valía la pena cometer un crimen así, pero siempre habían idiotas, como el que se retorcía bajo sus pies , aunque aquel idiota le sirvió para experimentar el dulce placer de  hundir aquel puñal sobre la blanda piel humana, pues al quitarle el arma tras torcerle el brazo, le apuñaló sin dudar y con astucia el costado, aquella sensación jamás podría olvidarla, como hacerlo, si era la primera vez que sentía el placer en carne propia, más que ver la cara de humillación de sus compañeros al superarles en todo, pues a él realmente había que llamarle genio, representaba la plenitud de aquella palabra, ingenio que ahora utilizaba para no dejar rastros de su crimen, aunque más que crimen él lo consideraba un favor a la humanidad, al desaparecer a tal estúpido. Lo primero que realizó tras desarmar a su enemigo y apuñalarle, fue tirarle al piso, colocando sobre sus manos trapos de su propia ropa, formando con ellos unos guantes que le servirían para ocultar su identidad, luego,  con el traje del hombre lo amarró dejándolo inmóvil, tras tenerlo de manera tan maravillosa, comenzó a realizar pequeños tajos sobre la piel del contrario, tajos de los que brotaban riachuelos de un delicioso rojo vivo, cuando vio por terminada esta fase, tomó una roca de la calle y con esta realizó el impulso necesario para cortar los dedos del mayor uno a uno, no le fue nada fácil traspasar los huesos del sujeto con tan sólo un cuchillo y una piedra, lo que provocaba más dolor en el que estaba sometido a sus caprichos, cuando ya hizo lo que quiso con aquel hombre y verlo desfallecer comenzó a cortar el cuello de este, le asombraba lo duros que eran los huesos del ser humano, ni con la ayuda de la piedra logró cortar por completo aquella zona, por lo que desesperadamente levanto la cabeza y la dobló para que así se soltará de una vez, finalmente metió la cabeza del hombre a su bolso junto a los trapos sucios y el cuchillo cubierto de sangre y pedazos del cuerpo. Shana que aún seguía inmóvil tras la impresión pronunciaba tan sólo una palabra “Dante”, su voz se escuchó despacio y entre sollozos que no lograban sacar al asesino de su trance, ¡Dante!, gritó ahora provocando que su bien parecido compañero se volteara hacia ella con la ropa cubierta de sangre, no te pareció divertido el espectáculo Shana, comentó a la vez que se acercaba de a poco a la pelinegra esbozando una amplia sonrisa, la que jamás se borraría de la memoria de quien retrocedía entre sollozos con cada paso que el más alto daba, ¿Por qué te alejas?, ¿No eras tú misma quien no me dejaba en paz?, Da..Dante, susurró de manera casi inaudible para el contrario quien no se detenía acortando la distancia entre ambos, hermosa, tú guardaras nuestro secreto ¿No es así?, pronunció al estar ya frente a la joven, acariciándole el rostro de manera suave, dejando en el camino de sus dedos pequeñas manchas carmesí, aunque no es mala idea eliminarte, rió al decir esto tomando el mentón de la más baja quedando ambas miradas una contra la otra, ¡no hablaré!, exclamó de inmediato sudando frío por el miedo que le provocaba su antiguo amor en esos momentos.

Caso 2: Como ser un asesino

No supo ni como, pero había llegado a su hogar a salvo, acompañada por supuesto por Dante, miles de veces había soñado con eso, pero jamás se había imaginado que sería de esa manera, tampoco había pasado por su cabeza lo que había sucedido. Tras dejar  al estorbo de su compañera en la casa comenzó a preguntarse dónde podría esconder la cabeza envuelta en trapos que se encontraba en su bolso, ¡Eureka!, exclamó mentalmente, que mejor que dejar aquella cabeza en la caja de arena de su antiguo jardín, y claro, con algún indicio para que algún infante lo encuentre, no pudo evitar reír al pensar en el rostro del pequeño “afortunado” en encontrar tal tesoro, ¿Pero qué indicio dejaría?, uno de sus gustos escondidos eran las novelas de detectives y sabía que no podía ser cualquier cosa ya que eso podría delatarle, ¡Pero qué bien!,  pensó al divisar una arruinada florería, claro, ¿quién preguntaría en un lugar así?, además odiaba las flores pero eso era mucho mejor, los estúpidos delincuentes que aparecían en sus novelas siempre elegían algo relacionado a sus gustos, nadie sospecharía de algo así. Cuando ya tuvo pensado esto corrió de prisa hacia el lugar establecido y al llegar comenzó a examinar cada flor en el lugar, pero algo le llamó la atención, un brote azul, y al lado de este se encontraba un pequeño nombre “hilaridad de un príncipe”, ¡Bingo!, que mejor que expresar su estado de ánimo de esa manera, por lo que consultó de prisa a la anciana que atendía ese lugar, el por qué de ese nombre, en este lugar se dice que vivió un príncipe, el cual al ser tan solitario se dice que se volvió loco y si se encuentra aquí a media noche  se escuchará la escalofriante risa del joven, ¡Qué mejor!, era perfecto, pero grande fue su sorpresa al ver que aquel brote era una rosa, la que por supuesto estaba manejada genéticamente, al ya comprar estas flores se dirigió con prisa al que solía ser su jardín, encontró la caja de arena  y dentro de esta colocó la cabeza ensangrentada , la tapo y sobre esta colocó una de las flores que antes había comprado en ese lugar

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