Caso 1: Instintos asesinos
Sus manos se encontraban manchadas por sangre que no era la
propia, mientras su mente divagaba en escenas que se repetían una y otra vez,
apenas recordaba lo que había sucedido, de lo único que estaba segura era que
el estudiante que conocía desde pequeña estaba en esos momentos cortando los
dedos de un caballero que tan sólo suplicaba por su liberación. Su cabeza
dolía, era comprensible tras haber caído minutos antes de lleno contra el
asfalto ¡Dan! Exclamó provocando un eco en aquel gris callejón que era testigo
de lo que en esos momentos acontecía, por favor detente, tan sólo aquellas
palabras salían de sus delineados labios, se escuchaba la risa escalofriante de
su compañero tan sólo a centímetros de distancia mientras cortaba en finas
partes a quien instantes antes les deseaba el mal, pero todo eso no hubiese
iniciado de no ser por la insoportable voz de su compañera, o la acosadora,
como le decían sus cercanos, bueno, a quienes permitía estar cerca de él, pues
nunca estuvo interesado en las relaciones humanas, no las consideraba
importantes, para él una pérdida de tiempo y aún más al relacionarse con
alguien que lo único que hacía era seguirle para todos lados, tal como había
hecho horas antes al Salir de la escuela, escuchando su chillona voz llamarle
desde el portón, en esos momentos ganas de estrangularla no le faltaban, pero
siempre había sido cauteloso, no quería que a sus diecisiete años de vida se le
conociera como asesino, por lo que tras advertirle muchas veces que no la
quería a su lado, se resigno por soportarla, al menos así estaría en silencio y
no tendría que escuchar las estupideces
que salían de su boca, misma boca que en esos momentos le rogaba que se
detuviera, y ¿ cómo hacerlo?, si por fin se estaba divirtiendo, era casi un
mensaje del cielo que aquella tarde asaltasen a la estúpida mientras le seguía,
aunque sus oídos aún sentían el chillido, si chillido por que a eso no se le
puede llamar grito, chillido que había lanzado al encontrarse atrapada entre los
escuálidos brazos de un degenerado que manoseaba sus muslos por debajo de la
corta falda que tanto le gustaba lucir, ¡Dante!, odiaba escuchar su nombre
proveniente de aquellos pronunciados labios, pero ya que, ya se había resignado
a soportarla, por lo que pausadamente se acercó al atacante de su conocida,
recordar aquello en esos momentos le causaba gracia, pues el rostro de
pervertido que el viejo tenía no era para nada comparable al rostro de suplica
que le mostraba en aquellos breves segundos, ni tampoco era comparable ver
aquella mano sin dedos con la mano que se paseaba con libertad por las piernas
de quien ahora estaba desmayada sobre la acera, manos que detuvo en un ágil
movimiento, no por nada había entrenado en gimnasios, tan sólo por la curiosidad
de practicar algún deporte, pero ninguno le satisfacía en placer como en
aquellos momentos lo hacía la tortura de aquel hombre, Lastima que te torcí el
brazo, así mi obra no quedará perfecta, murmuró entre carcajadas cortando el
espacio tapado por piel que se encontraba entre los inexistentes dedos ajenos, dejando la sangre desparramarse
de a poco sobre el lugar que era tapado gracias a las paredes, era irónico que
el mismo lugar que el asaltante había elegido para herirlos y robarles a ambos,
sea el mismo en que vería su muerte, tan idiota le resultaba aquel hombre,
todos tienen en cuenta que los estudiantes no tienen demasiado dinero como para
ser asaltados, ni siquiera valía la pena cometer un crimen así, pero siempre
habían idiotas, como el que se retorcía bajo sus pies , aunque aquel idiota le
sirvió para experimentar el dulce placer de
hundir aquel puñal sobre la blanda piel humana, pues al quitarle el arma
tras torcerle el brazo, le apuñaló sin dudar y con astucia el costado, aquella
sensación jamás podría olvidarla, como hacerlo, si era la primera vez que
sentía el placer en carne propia, más que ver la cara de humillación de sus
compañeros al superarles en todo, pues a él realmente había que llamarle genio,
representaba la plenitud de aquella palabra, ingenio que ahora utilizaba para
no dejar rastros de su crimen, aunque más que crimen él lo consideraba un favor
a la humanidad, al desaparecer a tal estúpido. Lo primero que realizó tras
desarmar a su enemigo y apuñalarle, fue tirarle al piso, colocando sobre sus
manos trapos de su propia ropa, formando con ellos unos guantes que le
servirían para ocultar su identidad, luego,
con el traje del hombre lo amarró dejándolo inmóvil, tras tenerlo de
manera tan maravillosa, comenzó a realizar pequeños tajos sobre la piel del
contrario, tajos de los que brotaban riachuelos de un delicioso rojo vivo,
cuando vio por terminada esta fase, tomó una roca de la calle y con esta
realizó el impulso necesario para cortar los dedos del mayor uno a uno, no le
fue nada fácil traspasar los huesos del sujeto con tan sólo un cuchillo y una
piedra, lo que provocaba más dolor en el que estaba sometido a sus caprichos,
cuando ya hizo lo que quiso con aquel hombre y verlo desfallecer comenzó a
cortar el cuello de este, le asombraba lo duros que eran los huesos del ser
humano, ni con la ayuda de la piedra logró cortar por completo aquella zona,
por lo que desesperadamente levanto la cabeza y la dobló para que así se soltará
de una vez, finalmente metió la cabeza del hombre a su bolso junto a los trapos
sucios y el cuchillo cubierto de sangre y pedazos del cuerpo. Shana que aún
seguía inmóvil tras la impresión pronunciaba tan sólo una palabra “Dante”, su
voz se escuchó despacio y entre sollozos que no lograban sacar al asesino de su
trance, ¡Dante!, gritó ahora provocando que su bien parecido compañero se
volteara hacia ella con la ropa cubierta de sangre, no te pareció divertido el
espectáculo Shana, comentó a la vez que se acercaba de a poco a la pelinegra
esbozando una amplia sonrisa, la que jamás se borraría de la memoria de quien
retrocedía entre sollozos con cada paso que el más alto daba, ¿Por qué te
alejas?, ¿No eras tú misma quien no me dejaba en paz?, Da..Dante, susurró de
manera casi inaudible para el contrario quien no se detenía acortando la
distancia entre ambos, hermosa, tú guardaras nuestro secreto ¿No es así?,
pronunció al estar ya frente a la joven, acariciándole el rostro de manera
suave, dejando en el camino de sus dedos pequeñas manchas carmesí, aunque no es
mala idea eliminarte, rió al decir esto tomando el mentón de la más baja
quedando ambas miradas una contra la otra, ¡no hablaré!, exclamó de inmediato
sudando frío por el miedo que le provocaba su antiguo amor en esos momentos.
Caso 2: Como ser un asesino
Caso 2: Como ser un asesino
No supo ni como, pero había llegado a su hogar a salvo,
acompañada por supuesto por Dante, miles de veces había soñado con eso, pero
jamás se había imaginado que sería de esa manera, tampoco había pasado por su
cabeza lo que había sucedido. Tras dejar
al estorbo de su compañera en la casa comenzó a preguntarse dónde podría
esconder la cabeza envuelta en trapos que se encontraba en su bolso, ¡Eureka!,
exclamó mentalmente, que mejor que dejar aquella cabeza en la caja de arena de
su antiguo jardín, y claro, con algún indicio para que algún infante lo
encuentre, no pudo evitar reír al pensar en el rostro del pequeño “afortunado”
en encontrar tal tesoro, ¿Pero qué indicio dejaría?, uno de sus gustos
escondidos eran las novelas de detectives y sabía que no podía ser cualquier
cosa ya que eso podría delatarle, ¡Pero qué bien!, pensó al divisar una arruinada florería,
claro, ¿quién preguntaría en un lugar así?, además odiaba las flores pero eso
era mucho mejor, los estúpidos delincuentes que aparecían en sus novelas siempre
elegían algo relacionado a sus gustos, nadie sospecharía de algo así. Cuando ya
tuvo pensado esto corrió de prisa hacia el lugar establecido y al llegar comenzó
a examinar cada flor en el lugar, pero algo le llamó la atención, un brote
azul, y al lado de este se encontraba un pequeño nombre “hilaridad de un
príncipe”, ¡Bingo!, que mejor que expresar su estado de ánimo de esa manera,
por lo que consultó de prisa a la anciana que atendía ese lugar, el por qué de
ese nombre, en este lugar se dice que vivió un príncipe, el cual al ser tan
solitario se dice que se volvió loco y si se encuentra aquí a media noche se escuchará la escalofriante risa del joven,
¡Qué mejor!, era perfecto, pero grande fue su sorpresa al ver que aquel brote
era una rosa, la que por supuesto estaba manejada genéticamente, al ya comprar
estas flores se dirigió con prisa al que solía ser su jardín, encontró la caja
de arena y dentro de esta colocó la
cabeza ensangrentada , la tapo y sobre esta colocó una de las flores que antes
había comprado en ese lugar
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